Título: Uno por uno.
Autora: Nabi (namnamLC)
Pareja: Kaisoo.
Rating: +13
Cuento original: La niña de los fósforos.
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pequeño Kyungsoo estaba sentado en el frío suelo, temblando debido a la
congelante temperatura que predominaba en el ambiente. Observaba como los copos
de nieve iban cayendo uno a uno y sentía que eso era una completa tortura para
él. Su piel lucía más pálida de lo normal, apenas podía mover sus dedos, sus
dientes chocaban unos con otros y sus labios se habían tornado blancos.
En
sus pies llevaba unos calcetines negros ya rotos, no servían de nada, pues
dejaban sus finos dedos al descubierto, siendo vulnerables ante el clima del
lugar. Tan helado estaba, que sentía como si mil agujas pincharan sus dedos de
manera lenta y dolorosa. Estos se habían tornado de un color entre rojizo y
morado. Sentía que pronto su sangre iba a dejar de circular y sus pies
terminarían con una tonalidad negra. Trataba de esconderlos, pero de todos
modos, era completamente inútil. Por más que los escondiera, estos seguían
congelándose.
—¡Dios!
—susurró.
Su
espalda estaba recargada a una pared color beige, esta se encontraba ubicada en
un descuidado y solitario barrio. El estaba solo en ese lugar, un joven de no
más de quince años, en la completa soledad. Que increíble.
Solo
él. Él y esa triste caja de fósforos.
—Malditos
—dijo él, y muy apenas pudo escuchar su voz—. Malditos fósforos.
Bien
podía estar en su muy humilde casita, cobijado con su pequeña y miserable manta
grisácea que, al menos, le brindaba un poco más de calor que esas tristes ropas
que llevaba sobre él. Pero no, no podía regresar porque sabía que le iría muy
mal y recibiría una terrible paliza por parte de su progenitor. Sabía que eso
sería una experiencia bastante desagradable, así que prefería estar ahí, en esa
incómoda posición, recargado en una pared que se encontraba en un barrio
desconocido y abrazando sus piernas mientras escondía sus pies… Lejos de su
casa, muriéndose lentamente en el frío.
Kyungsoo
vivía únicamente con su padre. Tenía un hermano, pero este había muerto varios
años atrás, atropellado por un imbécil que se encontraba en estado de ebriedad
y había escapado cobardemente. Antes era él quien se encargaba de ayudar al
padre de Soo a sostener la casa, pero cuando este murió, la responsabilidad fue
transferida a su hermano menor. La madre del muchacho duró en un estado de
depresión terrible, finalmente, decidió suicidarse para así, poder «reunirse»
con su hijo en la otra vida. El padre de Kyungsoo sufrió mucho con la pérdida
de su esposa; terminó alcoholizándose, gastaba cada centavo en alcohol y las
deudas fueron incrementándose día a día. Su pobreza era cada vez más extrema,
así que, el único hijo que quedaba, iba a las calles a vender fósforos.
Ese
día no había vendido ni uno solo, por eso estaba preocupado. Si su padre se
enteraba de eso… sabrá Dios que cosas le haría.
Tenía
frío, demasiado frío. Observó la caja, tenía ganas de tomar aunque sea uno y
encenderlo para entrar en calor. Sabía que era incorrecto y que se suponía que
todos esos debían ser vendidos; la desesperación y la tentación fueron las
vencedoras aquella ocasión, así que terminó encendiendo uno de ellos.
Quemó
ligeramente las yemas de sus delicados dedos, pero le regaló a algo de
iluminación y un poco más de calor. Así que valió la pena.
Abrió
bien los ojos. Divisó algunos platillos tradicionales coreanos sobre una
pequeña mesa, esta tenía un bonito mantel color rojo con algunos patrones
dorados. Ese lugar le parecía bastante familiar, si, como si hubiera estado ahí
mucho tiempo atrás. Era su antiguo hogar, bastante humilde, pero al menos lucía
más decente que el actual, además, el ambiente era más tranquilo. Intentó
acercarse y cuando lo hizo, todo eso desapareció. La llama del cerillo también
lo hizo.
Encendió
otro con la esperanza de volver a toparse con aquella vista tan agradable. Veía
nuevamente la mesa, el mantel y los alimentos sobre este, pero ahora había
varios trastes sobre esta. Cinco platos
y cinco vasos.
—Uno
es de mamá —habló el chico—, otro es de papá, otro es de mi hermano, el otro
debe de ser mío —hizo una pausa—. ¿Y el otro? ¿Por que hay otro?
La
pequeña llama se esfumó, al igual que la imagen que visualizaba.
Para
él esas visiones eran fantásticas, todo lo que veía era magia. Estaba mal,
estaba muriéndose y eso ocasionaba que delirara, pero él no lo veía como
simples alucinaciones, el sentía que cada fósforo que encendía era realmente
mágico, así que tenía la esperanza de que seguiría viendo cosas hermosas cada
vez que encendiera uno.
Tomó
otro fósforo y lo pegó a su pecho, después lo encendió.
Un
muchacho más alto que el, de cabello desordenado y negro, tez morena y labios
gruesos, apareció justo en frente de él. Le sonreía de una manera única, hacía
mucho tiempo que nadie le sonreía de tal manera.
—¿Jongin?
¿Tu? —inquirió— ¡Jongin!
Después
de la muerte de su madre y de su hermano, las cosas se habían tornado muy
difíciles para el chico mayor. Jongin era su amigo, o bueno, quizás era algo
más que eso; él era su sustento y, gracias a él, Kyungsoo pudo soportar todo lo
que pasaba. Pero las cosas cambiaron, el moreno también era bastante pobre,
cayó enfermo y sus padres nunca contaron con el dinero suficiente para pagar
los medicamentos.
Kyungsoo
había sufrido mucho, tanto como sufrió con la muerte de sus dos parientes.
Jongin había sido una persona muy importante en su vida y, el saber de su
muerte, lo había dejado devastado. El mayor trató de olvidarlo para no sufrir
más, pero al hacerlo, todos los buenos recuerdos se fueron con él y solo hizo
su vida un poco más miserable.
—¿Por
qué te fuiste? ¿Eh?
Pero
no obtuvo respuesta del chico.
—¿Te
irás cuando esta luz se extinga? —sabía que iba a pasar, pero aún así lo
preguntaba— Lo harás, ¿verdad? Si te vas, llévame contigo. Por favor, quiero
estar contigo.
Dedico
una mirada al cielo, uno lleno de estrellas, algunas de ellas fugaces.
Tomó
de la pequeña caja todos los que quedaban y los fue encendiendo uno por uno,
contemplaba a Jongin de pie, junto a él y después se desaparecía. Todo era tan
frustrante para él, pero podía ver al otro chico mínimo unos segundos o incluso
minutos.
—Jongin
—su voz ya no daba para más—, te extraño. Te extraño como no tienes idea. Por
favor, no me dejes aquí. Llévame
contigo, no vuelvas a dejarme solo.
Encendió
el último y Jongin apareció, esta vez tenía una sonrisa en el rostro y la mano
extendida hacia Kyungsoo, este no dudo ni un momento y la tomó. Después el
menor lo apegó más a su cuerpo, el chico lo siento como si fuera real. Como si
realmente estuviera siendo abrazado por Jongin
Entonces
ascendieron a un lugar mejor. No había hambre, no había frío, no había más
sufrimiento.


Este cuento es de mis favoritos aunque termine de esa manera T.T Decirte otra vez que escribes genial. Pero de verdad, ese final siempre me supera...aunque Kyungsoo termino feliz .-. - eso creo -
ResponderBorrarMe alegra que te haya gustado ^^ Muchas gracias por comentar.
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