viernes, 23 de agosto de 2013

Nightmares. (Capitulo 1)

Capitulo 1

Kyungsoo.
Querido bello durmiente.


El joven caminaba por unos pasillos completamente desconocidos. Las paredes eran de un color crema y sobre ellas había una hilera de obras de arte. El piso era completamente blanco y estaba brillando de lo reluciente que estaba. Habían dieciséis puertas, ocho en de lado derecho y ocho del lado izquierdo.

Tomó la perilla de la tercera puerta del lado izquierdo y la giró hacia la derecha.

Lo más hermoso que había en aquella habitación… Era él. Ese ser tan divino que danzaba al compás de la música, con sus movimientos dedicados, llenos de pasión y bien coordinados, capaces de enamorar con ellos a cualquier persona que lo viese.
Kyungsoo lo veía, pero Jongin no lo veía a él.

Se acercó a él tímidamente y lo saludo con una sonrisa en el rostro, pero no obtuvo ninguna respuesta del moreno.

La música paró pero este siguió bailando sin parar, sus movimientos eran cada vez más acelerados y ya no eran coordinados en lo absoluto. Ya no lo hacía con la misma pasión como al principio, ya no tenía la misma expresión en el rostro. Ahora se veía desesperado y lo hacía sin descanso alguno. Las gotas de sudor caían y caían a desde su frente y terminaban en la barbilla del chico. Estaba presionado.

Finalmente cayó.

Y Kyungsoo no pudo hacer nada.


Se levantó de golpe y tocó su frente, estaba sudado.

Giró la cabeza hacía el lado derecho y se topó con su buró de madera en color café chocolate. Sobre este había una botella de agua, pastillas para el dolor de cabeza, una lámpara purpura y una foto de él junto a Jongin.

Se levantó de la cama y comenzó a caminar hacía el peinador, su cuerpo estaba más débil de lo normal y sus piernas flaqueaban. Cayó al suelo dos veces y después pudo volver a incorporarse.

Se observó en el espejo. Sus grandes y brillantes ojos de veían muy hinchados, un poco más grandes de lo normal. Su cara se veía pálida, sus labios rosados tenían un tono blanquecino y estaban completamente resecos.

Tomó su teléfono celular y lo encendió, tenía veintisiete llamadas perdidas, las ignoró y observó el calendario y la hora. Había dormido durante tres días enteros, un día más que la última vez.

Era algo que odiaba. Era la misma rutina de siempre. Se levantaba, se veía terrible. Tenía que arreglarse y estudiar por su cuenta ya que no podía asistir a la universidad de manera normal, después de eso llamaba a sus amigos con quien pasaba el tiempo, después hacía una lucha por no quedarse dormido y finalmente Morfeo era el vencedor, pues terminaba completamente dormido. Despertaba varios días después.

Bajó hacia la cocina y corrió directamente al refrigerador, y sin más, tomó en cantidades exageradas toda la comida posible que había en este. Después empezó a cocinarse algo. El estar dormido tanto tiempo, le causaba hambre y sed en exceso, por eso… Al momento de despertar, arrasaba con todo.

***

—Tengo miedo —dijo Kyungsoo—. Todo lo que me pasa es horrible.

—Hyung, verás que pronto encontraremos a un médico que te dirá lo que realmente tienes, después tendrás un buen tratamiento y finalmente volverás a ser una persona normal.

—¿Y si eso no sucede? ¿Y si nadie puede decirme lo que tengo? ¿Y si vivo así para siempre?

Los ojos del mayor empezaron a nublarse y al momento de parpadear, una que otra lágrima traviesa resbaló por su rostro. No quería llorar en frente de Jongin, aunque bueno, siempre de una manera u otra terminaba haciéndolo. Para el moreno era ya una costumbre ver llorar a su amigo.

—Esto no es vida —dijo Kyungsoo, su voz era tan débil—. Quiero ser una persona normal.

—Lo eres, mi querido bello durmiente.

Jongin colocó su mano sobre el hombro de Kyungsoo, le dedico una leve sonrisa y lo miró con compasión. Limpió sus lágrimas. Trataba de animarlo, aunque sabía que le estaba mintiendo. A Kyungsoo era lo que más le dolía, que justo cuando el trataba de asimilar su problema, sus conocidos se rehusaban a aceptarlo.

—¡No!, no lo soy. Quiero dormir solo ocho horas, quizás menos, quiero ir a la universidad, quiero estar más tiempo con mis amigos, quiero hacer muchas actividades. Hay muchas cosas que quiero hacer, pero no… No puedo. Porque duermo y no puedo despertarme cuando quiero. A veces horas, a veces días… ¿Qué será después? ¿Semanas? ¿Meses? Ya ni siquiera se cual es mi realidad, creo que paso más tiempo dormido que despierto, y es algo que no puedo controlar. No soy normal Jongin, no lo soy.
El menor no hizo nada más que mirar hacia abajo. Kyungsoo tenía razón.

***

Kyungsoo tenía sentimientos por Jongin, solo que jamás se atrevía a revelarlos. En primer lugar, porque le parecía un poco extraño y no sabía si el otro chico sentía lo mismo por él. En segundo lugar, porque no quería comprometerlo. El problema de Kyungsoo era bastante grave y estaba seguro, de que no se perdonaría el hacer que Jongin llevará una carga que no le correspondía.

De repente empezó a desaparecer, a Jongin le parecía de lo más extraño. Kyungsoo era un alumno con asistencia excelente, y de la nada comenzó a faltar sin razón.

La primera vez que le pasó durmió durante quince horas seguidas, su madre trató de despertarlo pero fue imposible. Por más que le hablaba no obtenía respuesta proveniente de su hijo. Cuando despertó, Kyungsoo estaba de lo más confundido y se sintió extraño por haber dormido tanto tiempo. Pensó que era por el simple cansancio y estrés y era de lo más normal, su familia pensó lo mismo.

Después se dieron cuenta de que no era algo normal. Kyungsoo empezó a dormir por largos periodos de tiempo, llegando hasta los días. Debido al exceso de faltas, tuvo que abandonar el instituto y estaba seguro de que si su problema no se arreglaba, no volvería jamás.

Dejo de hablar con sus conocidos por un tiempo. Entre ellos… Jongin.

Pero este fue a su casa e insistió hablar con él.

Cuando eso sucedió Kyungsoo estaba atrapado en un profundo sueño. Había dormido durante veintiocho horas seguidas, sin contar las horas que faltaban.

Jongin entró a su habitación y se puso de lo más sensible, incluso, tuvo enormes ganas de llorar al verlo así. Con sus ojos cerrados, inmóvil. Lo único que le aseguraba que estaba vivo era su pecho en constante movimiento, al menos respiraba. La madre del mayor, le contó al chico toda la verdad acerca del problema de su hijo. Entonces, este comprendió por que este había faltado tanto tiempo al instituto.

Estaba dispuesto a ayudar a su amigo en lo que fuera y, de hecho, se había comprometido a ello. Kyungsoo, por otro lado, estaba en desacuerdo con ello pues no quería ser una carga para Jongin… Además, se sentía inseguro por que el juraba y juraba que tarde o temprano el muchacho se iba a cansar de estar al pendiente de él y, finalmente, terminaría abandonándolo. Aunque bueno, Jongin jamás lo haría.


Las cosas eran difíciles. No solo lo eran para Kyungsoo. Para su compañero… También lo eran. 

Nightmares.

Título: Nightmares.
Autora: Nabi (namnamLC)
Género: Drama, AU.
Rating:  +13
Tipo: Serial.


Para unos, dormir es lo más placentero que pueda existir.
Para otros…
Es una tortura.

jueves, 8 de agosto de 2013

Preguntas. (3/3)

La mujer cada vez le hablaba más a Kyungsoo sobre sus padres, sobre la salud de su amigo y sobre Jongin, ella solo hablaba y hablaba sobre esas personas, pero nunca entraba en detalles. Nunca le decía lo suficiente como para que el chico estuviera más calmado.

Kyungsoo sabía que era una trampa. Ella quería que él le preguntara sobre cualquiera de esas cuatro personas, para así, ella poder hacer una cortada más en Jongin. ¿Lo odiaba?, si, ella lo odiaba. Lo odiaba por que Kyungsoo lo amaba a él y a ella no. Jongin estaba sufriendo por algo que no era su culpa. Era injusto. Todo era injusto.

El joven era fuerte. A pesar de todo el daño que había sufrido, había sabido afrontado bien las cosas. Después de las nueve preguntas, el ya no realizó la décima… No pensaba hacerlo. A pesar de todo, el tenía una mentalidad fuerte y había soportado todo. Otra persona… Simplemente no hubiera podido soportarlo.

***

Ella entró nuevamente, para dejarle comida y bebida al pequeño Kyungsoo. El había estado comiendo mejor, aunque aún se veía completamente desaliñado, al menos se veía un poco más fuerte.

―¡Oye! ―exclamó el chico.

―¿Si?

―Eres muy inteligente. Te admiro.

―¿Perdón?

El se puso de pie empezó a caminar hacía donde se encontraba la mujer. La abrazó lo más fuerte posible y se quedó en silencio unos cuantos minutos. Suspiraba, era lo único que hacía.

―Te admiro ―repitió―. Tu juego… Todo fríamente calculado, todo fue tan perfecto… Eres muy inteligente.

―Gracias.

―Cuéntame sobre Jongin. Háblame sobre mis padres. Dame informes de la salud de Joon Myun. Dime quien eres.  

El chico se dio la vuelta y no pudo observar como los ojos de aquella persona se abrían como platos.

El era una persona inteligente, igual o incluso más inteligente que aquella mujer que solo le causo daño. El podía analizar y razonar, quizás no era el más inteligente entre el grupo de amigos, no era el más astuto; pero al menos, lo era, Kyungsoo lo era.

―Dame las respuestas ―reclamó el muchacho―. No te hice ninguna pregunta, no puedes dañarlo… Te ordeno que me des las respuestas. Hazlo ya.

¿Por qué no había hecho eso desde el principio? Pudo haberlo hecho, pudo evitar que lastimaran a Jongin y pudo evitar sufrir todo ese daño psicológico que esa artimaña le había causado, pero no, no lo hizo. No lo hizo por el simple hecho de que no se le ocurrió hacerlo. Fue víctima de su propia mente. El nerviosismo, la desesperación, la angustia… Todos esos malditos sentimientos no lo dejaron razonar. Estaba tan concentrado en no hacer preguntas, que se había olvidado de cómo obtener una respuesta sin preguntas.

―Yo también soy como tú ―habló―. Yo también soy un ser inteligente.

―Lo eres… ―suspiró― Tu también lo eres. Siempre supe que lo eras. ¿Realmente quieres que te lo conteste?

―Es lo que más deseo. Hazlo ahora.

Ella suspiró y se sentó sobre el sofá.

Miró fijamente a Kyungsoo y se quito la máscara. Por fin, por fin revelaría a Kyungsoo su rostro. Este estaba completamente desfigurado, lleno de quemaduras y demás marcas.  

―Creo que no hace falta decir quién soy yo. Tú lo sabes bien ―dijo, lágrimas empezaron a brotar―. Han pasado ya cinco meses. Llevas aquí cinco meses. Tus padres están mal, pero aún creen que estás vivo. Ellos continúan con tu búsqueda, tienen fe. Joon Myun, en efecto, estaba muriéndose… Pero, ahora está mejor… El creyó que tu desaparición era su culpa, pensó que debió insistirte más ese día. Ahora ha mejorado bastante.

Sabía ya de sus padres, también de la salud de su buen amigo. Solo faltaba una persona.

Kim Jongin.

―Ahora háblame de él ―dijo Kyungsoo― Te suplico que me cuentes sobre él.

―Él. Él. Él ―su tono cambio drásticamente―. Todo el tiempo… Dejaste de hacerme preguntas, por el, porque realmente lo amas… Otra persona se hubiera suicidado, pero tu… Tú te mantuviste fuerte. Por ese maldito bastardo.

Ella suspiró.

El chico se acercó a ella con una mirada decidida, hasta cierto punto, amenazante. Quería saber sobre Jongin.

―Te exijo que me cuentes sobre lo que ha pasado con él. Hazlo ya.  

―El ya está afuera. Está en un hospital, sigue vivo, está estable… Pero su mente y su corazón no lo están. Después de que me di cuenta que no harías mas pregunta, ordene a alguien que lo llevara a un hospital. Quise dejarlo aquí, para que se desangrara… Pero no pude. Tienes todas tus respuestas.

―Ahora te ordeno que me dejes salir.

―No ―gritó ella―. No lo haré.

***

Estaba más tranquilo y al mismo tiempo se sentía consumido.

Sabía lo que quería saber, obtuvo las respuestas que quería obtener. Tenía lo que estuvo deseando desde que se enteró que se encontraba prisionero en ese estúpido y horrendo sótano. Solo había algo que no tenía, la libertad. Sin estar libre, ¿de qué le servía todo lo demás?

***
No importaba nada, no importaba lo que tuviera que hacer. Él lo único que quería era salir de ahí. Hablar y abrazar a sus padres, decirle a Joon Myun que él no tuvo la culpa de nada, besar los labios de Jongin.

Tomó una botella de vidrio vacía, que se encontraba tirada al lado del estante de libros y la quebró. Se la pegó en el pecho y dijo:

―Voy a matarme. Por favor, déjame salir.  

―Sabes que no lo haré ―dijo ella―. Te conozco, no te atreverías a atentar contra tu vida. La valoras mucho.

Se levantó la manga de la camiseta que tenía y dejo a la vista de la mujer la piel pálida de su brazo. Nunca se le pasó por la cabeza hacer eso, ella tenía razón, el jamás atentaría contra su propia vida.

―Me haré un corté. Uno por cada pregunta que hice.

―No lo harás.

―Lo haré.

***

Odiaba hacer eso. El se apreciaba a sí mismo, pero también apreciaba a los demás. Ese sacrificio era el que él tenía que pagar con tal de volver a estar cerca de los suyos.

―Te liberare ―dijo ella con lágrimas en los ojos―. Anda, puedes salir.

Sacó la llave de su bolsillo y abrió la puerta.

Kyungsoo salió del sótano y subió las escaleras. Llegó a una sala, muebles con un estilo rustico decoraban la habitación. La casa era bellísima comparada con el sótano en el cual él estuvo.

Se acercó a la puerta y la abrió.

El sol era radiante. Muy hermoso.

***

Se había ya reportado con sus padres. Los ojos de ambas personas brillaron de una manera especial, los abrazó y les dijo cuanto los había extrañado. Ellos también le comentaron que nunca habían renunciado a la búsqueda y que mantenían la esperanza, ellos confiaban en que su hijo estaba vivo.

Después fue a visitar a sus amigos, los cuales le hicieron una celebración.

Habló con Joon Myun el cual se encontraba muy apenado, Kyungsoo le dijo que no fue su culpa y lo abrazó.

Después de toda esa felicidad… El optó por ver a Jongin.

Fue a visitarlo al hospital.

Ahí estaba el. Acostado en una camilla, débil, con los brazos llenos de cortadas. No solo tenía nueve, tenía alrededor de quince a veinte cortes.

―Kyung…

―Shh ―el mayor colocó su dedo índice sobre Jongin―. ¿Cómo estás?

Después de tanto tiempo, por fin pudo hacer una pregunta, había esperado tanto tiempo para poder preguntar. Tenía tantas preguntas en mente, pero solo preguntó una: ¿Cómo estás?

El moreno, quien tenía la piel ahora un poco más pálida, sonrió.

―Bien. ¿Cómo estás tú?

Kyungsoo no aguantó más y rompió en llanto. Tantos meses de sufrimiento, todo ese tiempo siendo psicológicamente torturado. Sin saber de sus familiares y amigos. Todo ese tiempo con miles de dudas, las cuales no eran respondidas como él quería. Todo ese tiempo sin ver la luz del sol, conformándose, con diminutos rayos solares. Todo ese tiempo ahí, encerrado. ¿Realmente estaba bien?


―No lo sé ―fue lo único que pudo contestar. 

Preguntas. (2/3)

Kyungsoo había perdido ya la noción del tiempo, no podía distinguir si había estado encerrado días, semanas o meses. Su estancia ahí se hacía eterna, no sabía la fecha exacta, no sabía la hora. No sabía absolutamente nada. Estando en ese lugar, el tiempo era una tortura.

La mujer entraba únicamente para darle de comer y de beber. De vez en cuando le susurraba: «Descansa, cariño». Como si eso fuese lo único que aquella víbora ponzoñosa supiese decir.

En ocasiones el no aceptaba la comida, comía muy poco. Se había vuelto una persona muy débil, muy apenas podía levantarse. Si no comía, probablemente terminaría enfermándose de anemia o alguna otra enfermedad. Su piel era cada vez más pálida y sus grandes ojos habían perdido ese brillo especial. Lucía bastante desaliñado; su cabello estaba desarreglado, sus uñas eran ya muy largas y mugrientas. Su ropa estaba cubierta de polvo.

Se preguntó como estaría su familia, como estarían sus amigos. ¿Estarían tranquilos? ¿Estarían inquietos? ¿Abrían hecho búsquedas? ¿Lo estarían buscando?  ¿Tendrían esperanzas de que él estuviera vivo? ¿Lo habrían dado por muerto?

Pensó en Jongin. ¿Estaría en una habitación oscura? ¿Estaría en libertad? ¿Sería verdad que tenía cortadas en los brazos por su culpa?

Lo único que el muchacho pudo hacer fue cerrar los ojos y comenzar a orar.

***

Después de dormir varias horas abrió los ojos y, desgraciadamente, se topó con esa maldita persona que le había causado tanto sufrimiento.

Ya no lo miraba con una sonrisa burlona en el rostro, lo miraba con compasión, con pena. Su mirada irradiaba el sentimiento de la culpabilidad y quizás hasta un poco de arrepentimiento, Kyungsoo estaba sufriendo y ella odiaba hacerlo sufrir.

¿Por qué lo haces, entonces?

―No has comido absolutamente nada, amor mío.

Al escuchar esa palabra salir de la boca de aquella desagradable persona, Kyungsoo sintió asco y repulsión. Odiaba que esa mujer lo llamara de esa forma, como si fueran una pareja.

―¿Cómo sé que es verdad lo que me dices? ―habló el, su voz sonaba más débil que nunca.

―Exactamente… ¿A qué te refieres?

―A todo lo que me dijiste. Dijiste que por cada pregunta que hiciera ibas a hacerle una cortada a Jongin, dijiste que me conocías, que este era el lugar al cual pertenecía. No tengo la certeza de que eso sea real.

La mujer sacó un teléfono celular de su pantalón de mezclilla. No era el teléfono anterior, este era más sofisticado y de mayor tamaño, además, era de color blanco.
Sin más, la descarada le mostró a Kyungsoo unas fotografías. Era el, ese era su brazo, esa era su piel. Seis cortadas sobre esta.

―Seis ―dijo la mujer―. Ahora se agregará una más.

Apagó el teléfono celular y de nuevo lo guardó.

―Si me liberas… Prometo… Prometo no denunciarte. Si, si nos liberas a Jongin y a mí, prometo no decir nada a nadie. Trataré de pagarte todo el dinero que me pidas si nos dejas a ambos en libertad.

Ella se acercó a él y empezó a acariciarle la mejilla. Su mano era tan desagradable, huesuda y áspera a más no poder, hacía que Kyungsoo se estremeciera. Se sentía incomodo y asustado.

―No quiero dinero. Te quiero a ti.

―Si me quieres a mí, entonces… ¿Por qué lo tienes a él también? 

Se dio cuenta que había hecho una pregunta más. Eso sumaba un ocho, ocho cortadas sobre la piel de ese ser que el amaba con toda el alma. Se sintió estúpido y arrepentido, ¿Por qué había preguntado?

―¿Por qué lo tengo? ―la mujer rió y su voz se escucho entrecortada― Porque tú lo quieres a él.

Ella salió llorando de aquel sótano tan horrible, aunque Kyungsoo no pudo ver las lágrimas de esa mujer, escucho su llanto.

***

Si no salía pronto de ese lugar, si no obtenía las respuestas que quería, si no recibía noticias de sus seres queridos… Estaba seguro de que pronto entraría en un terrible estado de psicosis. Se sentía desesperado y se volvería loco en poco tiempo.

Se sentía culpable, si hubiera aceptado la invitación de Joon Myun, hubiera llegado bien a su hogar. Probablemente le hubiera llamado a Jongin, y le hubiera dicho que se fuera con cuidado y que lo amaba.

Pero no.

***

Cuando abrió los ojos ella estaba ahí.

En aquella ocasión no tenía ropa negra. Vestía ropa de color, eso sí, aún continuaba llevando el pasamontañas. Llevaba una blusa color azul turquesa, también una falda verde con un divino estampado de hermosas flores silvestres color rosa pastel.

―¿Quieres noticias? ―preguntó ella.

Kyungsoo abrió los ojos como platos y se levantó inmediatamente, no contaba con la fuerza suficiente, pero hizo un esfuerzo sobre humano. Sus piernas flaqueaban y sentía como perdía el equilibrio. Aún así, hizo todo por mantenerse de pie. Se apoyó en el estante de libros y se formo una sonrisa en el rostro.

―Si ―respondió.

―Jongin preguntó por ti el día de hoy. Tus padres están mal. Joon Myun se está muriendo.

¿Qué preguntó? ¿Saben que estoy vivo? ¿Cómo que se está muriendo?

―¿Puedo hacer preguntas sin que lastimes a Jongin?

―Estás haciendo una pregunta ahora ―habló la mujer―. Y lamento decirte que la respuesta es no. Una cortada más para Jongin.

Nueve cortadas sobre la piel de Jongin.

Ella se dio la vuelta y él sintió que sus venas hervían; frunció el ceño y empezó a caminar hacía ella.

―Tú no me quieres. Si me quisieras no me estarías causando todo este daño ―le reclamó.

―Te quiero, eso no lo dudes ―pasaron unos minutos y agregó―: Yo no te daño a ti. En cambio tu… Tú si estas dañando a Jongin. “La curiosidad mató al gato”, dicen por ahí, y tu… Tú lo estás matando con tu curiosidad.

Era verdad.

El no podía controlarse, a pesar de que trataba de no hacer más preguntas, el aún continuaba haciéndolas. Él lo amaba y no quería que saliera lastimado, menos por su culpa. Sin embargo, el no hacía nada para evitarlo. Seguía preguntando y preguntando.

Sintió miles de punzadas en su cabeza, el dolor era insoportable.


Se colocó en el rincón más escondido de su habitación y abrazó sus piernas. Su vista se empezó a nublar, al parpadear, unas cuantas lágrimas recorrieron su rostro.

Preguntas. (1/3)

Diez cuarenta y cinco de la noche.

La calle era bastante oscura habían alrededor de catorce lámparas, de las cuales solo cinco funcionaban. El clima era frío. El silencio era verdaderamente impresiónate, tanto que hasta asustaba, lo único que se escuchaban eran los pasos y la respiración de Kyungsoo.

Se sentía arrepentido.

«Es muy tarde y hay demasiado peligro allá afuera. ¿Seguro que deseas irte solo? Llevaré a Sehun y Minseok a sus hogares, con gusto puedo llevarte a ti también». La proposición de Joon Myun retumbaba en su mente constantemente. Sabía que se había equivocado, debió haberle dicho que si.  

Kyungsoo podría no ser un tipo muy valiente, pero tampoco era una indefensa criatura que se asustaba por cualquier pequeño detalle. A pesar de su cara de ángel y su baja estatura, él era una persona fuerte.

Diez cincuenta y seis.

Una de las lámparas empezaba a fallar, se apagaba y encendía una y otra vez. Finalmente se apagó, solo funcionaban cuatro lámparas.

Once

Ya era definitivo, el tenía miedo. Tenía mucho miedo.

Tenía un fuerte dolor en el pecho que lo oprimía de una manera brutal y muy cruel, sentía que había algo que no le permitía avanzar, como si algo malo fuese a pasar. Si, presentía que algo malo le iba a pasar. Su respiración era cada vez más y más rápida. Algo andaba mal.

Tomó su teléfono celular.

Su mano temblaba, apretaba los botones de su teléfono de manera estúpida. Fue rápidamente al menú y de ahí a la lista de contactos. Marcó el número uno: Jongin.
No contestaba.

Once once

Había intentado llamar varias veces a Jongin. El teléfono solo timbraba y timbraba, pero no había rastros del otro chico.

Pero que estúpido había sido.

Cuando intentó marcarle a Joon Myun, Yi Fan o cualquier otro de sus conocidos, ya era demasiado tarde. El crédito de su teléfono se había agotado.

Dyo Kyungsoo era un chico inteligente, pero esa vez, algo había hecho mal. Eligió el camino más fácil. Que lastima.

Once veintiocho

Ya no se escuchaban solo sus pasos y su agitada respiración, algo más había. Unas pisadas. Se detuvo un poco y las pisadas se escucharon una vez más, al principio pensó que era parte de su imaginación pues estaba alterado, pero no.

Después las pisadas volvieron, estas se escuchaban cada vez más y más cercanas.

El pequeño empezó a correr.

Once treinta

Sintió una mano muy áspera tocarle el hombro, la mano era pequeña y delgada. Aparentemente una mujer. Trató de darse la vuelta pero la persona colocó un pañuelo húmedo sobre la nariz del chico.

Un aroma dulce y embriagador entró a través de sus fosas nasales.

De pronto comenzó a sentirse mareado. Pegó un gritó que nadie, además de él y la otra persona,  escuchó. Después, cerró poco a poco sus ojos.

Seguido de eso, no supo nada más.

***

Abrió sus ojos.

Sintió fuertes punzadas en su cabeza y comenzó a frotarse las sienes. Lo hizo durante varios minutos pero el dolor no cesó.

Observó el lugar en el cual se encontraba. No era agradable. Si no se equivocaba, ese era un sótano. Tenía muebles muy viejos, todos ellos cubiertos de polvo. Había dos sofás, ambos cubiertos con mantas grises. Tan solo había una puerta, oxidada. Era poca la iluminación que había ahí, tan solo un candelabro de pared con tres velas encendidas.

Trató de recordar que había pasado la noche anterior, lo único que logro memorizar era una imagen de él saliendo de la fiesta, recordó el temor que sintió al atravesar ese pequeño y oscuro callejón, las lámparas que se encendían y apagaban. Solo eso. Ni un maldito recuerdo más.

Se levantó de donde estaba, se sentía adolorido.

Empezó a caminar, a tocar los muebles y las paredes. A explorar la habitación.

Encontró, entonces, una pequeña mesa color café chocolate, como todos los demás muebles, estaba cubierta de polvo. Sobre esta había una pequeña nota.


La tinta era apenas legible. La letra era completamente horrible, lucía espantosa. Después de leerla sintió escalofríos en todo el cuerpo. El mensaje era aterrador y hasta cierto punto, amenazante.

―¿Quién eres? ―gritó― Anda, ¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí? ¿Por qué estoy aquí?

Arrugó el papel y después lo tiró al suelo.

Desesperadamente empezó a buscar por todos lados la supuesta cámara escondida. 

Empezó de nuevo a explorar la habitación, buscó hasta en los rincones más pequeños de ese pequeño sótano. Paredes, muebles y cualquier artefacto inútil que servía de adorno… Sus manos tocaban todo. Diferentes texturas: rugosas, lisas, ásperas, suaves, duras; pero no, nada de eso se parecía a la de una cámara.

Finalmente se rindió y se recostó en el suelo para tratar de conciliar el sueño.

***

A la mañana siguiente se dio cuenta de que seguía en la misma maldita habitación, estaba un poco más iluminada pues había una pequeña ventanilla, por la cual se colaban algunos hilos de rayos solares.

La ventana era muy estrecha y no había oportunidad por la cual pudiera salir de ahí. Sin embargo, intentó pedir ayuda, gritó lo más fuerte posible hasta que su voz no dio para más.

―¿Por qué esa nota? ―preguntó, su voz era débil ―Por favor, respóndeme.

Se puso a pensar en sus seres queridos. ¿Sus padres se habrían dado cuenta que no había llegado? ¿Les habrían preguntado a sus amigos por él? ¿Todos estarían buscándolo?

―Solo una respuesta. Eso lo único que pido.

Cerró los ojos una vez más y Morfeo se apoderó de él.

                                                                             ***

Cuando nuevamente levantó poco a poco sus parpados, se dio cuenta de que la poca luz del sol que se filtraba a través de esa pequeña ventana, habían desaparecido.

En frente de él había una persona, su rostro estaba cubierto por un pasamontañas de color gris y traía puesto un traje largo y en color negro. El traje era bastante amplió y no le permitía a Kyunsoo divisar la figura de esa persona, igualmente, lucía delgada. Pensó que probablemente se trataba de una chica.

Una chica.

Recordó que las manos que lo habían tocado eran como las de una mujer. ¿Se trataba de esa persona? ¿Una mujer lo había secuestrado? ¿Por qué razón?

―Kyunsoo, por fin te has despertado.

―Yo… ¿Va a contestar mis preguntas?

―Por supuesto ―dijo aquella misteriosa mujer―. Pero antes necesito que tú me respondas algo. Si tú me respondes, entonces contestaré las preguntas que me has hecho antes. ¿Estás de acuerdo?

Suspiró y asintió con la cabeza.

―¿Lo conoces?

La mujer le mostró su teléfono celular, en esté había una foto de Kim Jongin. Su sonrisa era más radiante que el mismo Sol.

―Si ―. Contestó Kyungsoo.

La mujer guardó el teléfono celular y miró al chico. La iluminación era poca, muy apenas podía distinguir la figura de la mujer entre todos los demás artefactos que se encontraban en la habitación; aún así, sentía la mirada penetrante de esa persona sobre él.

―¿Qué significa él para ti?

El castaño tragó saliva. ¿Por qué demonios esa víbora quería saber eso? ¿Qué le importaba a ella? Lamentablemente, el pequeño tenía que contestar todas las preguntas si realmente quería saber todas las respuestas a las preguntas que el mismo había formulado.

―Todo ―. contestó por fin y agachó la cabeza.

―¿Qué estarías dispuesto a hacer por él?

―Lo que sea.

Ninguno de los dos dijo palabra alguna. La mujer simplemente salió de la habitación, cerró la puerta con llave y se escuchó que subía algunos escalones.

Kyungsoo corrió hacía la puerta y trató de abrirla, comenzó a golpearla y a gritar. Empezó a gritar: «Maldita sea. No puede ser posible, esto no puede ser posible».

―Contesté todas las malditas preguntas que me hiciste. Te dije todas las respuestas, y estas fueron verdaderas. Deberías cumplir tu promesa, deberías responder mis preguntas.

Tuvieron que pasar varios minutos antes de que la mujer vestida de negro volviera a atravesar la puerta oxidada.

―Tenía cosas que hacer ―dijo―. Yo siempre cumplo mis promesas. Siéntate cariño, esto es un poco complicado. Lo más seguro es que no entiendas nada de lo que te voy a decir.

―Trataré de analizar lo que me digas. Solo dímelo ya ―protestó.

Ella se sentó sobre uno de los sofás polvorientos y miró de nuevo al muchacho, el cual, tenía una expresión de coraje en el rostro. Se notaba que anhelaba una respuesta, la quería pronto.

―¿Quién soy?, una conocida tuya. ¿Qué quiero de ti?, todo. ¿Por qué estás aquí?, porque yo lo deseo; este es el lugar al cual perteneces, aquí debes estar. Conmigo. ¿Por qué la nota?, simplemente, porque si. ¿Voy a contestar tus preguntas? Si, ya lo hice.

La mujer río. El joven había obtenido sus respuestas, aunque no eran esas las respuestas que él esperaba tener.

―Dijiste que estarías dispuesto a hacer todo por Kim Jongin. Lo que sea, ¿no es cierto?

―Sí, lo dije.

La mujer empezó a dar pequeños pasos hacía el otro extremo de la habitación. Repitió la acción y caminó hacia los lados contrarios. Siempre con una sonrisa burlona en el rostro.

―No puedes hacer más preguntas…

―¿Por qué no? ―preguntó Kyungsoo.

―Estas rompiendo las reglas, ¿me dejaras explicarte? ―el chico asintió― Por cada pregunta que hagas, haré un corte sobre la piel morena de tu amado. Llevas seis preguntas realizadas, lo que equivale a seis cortes. ¿Te das cuenta todo el daño que le estas causando?

Maldita.

¿Por qué le hacía eso? ¿Por qué secuestrarlo y aparte dañar a la persona que el amaba? ¿Cuál era su objetivo? ¿Qué iba a lograr causando tanto daño? ¿Era realmente cierto? ¿Debía confiar en la palabra de esa mujer?

―Mientes ―gritó―. ¡NO ERES MÁS QUE UNA MALDITA MENTIROSA!

Ella lo miró fijamente.


―Si no me crees, ya no es mi problema. Igualmente, si quieres preguntar… Adelante, al menos te advertí que pasará si vuelves a hacer otra pregunta.