Capitulo 4
Kyungsoo.
Caramelos.
Cuando Kyungsoo abrió los ojos, se topó con Jongin, mirándolo atentamente. Este se encontraba sentado al lado de la cama, a un costado del mayor. Tenía una entristecida sonrisa en el rostro y los ojos enrojecidos, sobresalían algunas venas retinianas. Había estado llorando, había llorado por él.
—Buenas tardes, bello durmiente.
—Buenas tardes —dijo dudoso—. Exactamente, ¿Qué
hora es?
—Son las seis de la tarde.
—¿Cuánto tiempo he dormido?
—Hum… Aproximadamente… Unas veintidós horas, no dormiste
tanto, en comparación a otros días.
Kyungsoo se incorporó en la cama. Colocó sus manos a los
costados y se impulsó ligeramente hasta quedar correctamente sentado. Acomodó la
almohada detrás de su espalda, sentía sus músculos entumecidos. Realizó unos
cuantos estiramientos; después de hacer eso, se sintió un poco más relajado.
—¿Por qué estás aquí? —preguntó de pronto
Kyungsoo.
—¿Te molesta mi presencia?
Le desagradaba bastante que contestaran
sus preguntas con otras preguntas. De todos modos, entendió perfectamente que
solo había logrado incomodar a Jongin. Quizás no había preguntado de manera
correcta, no había especificado bien. Suspiró, miró al moreno y después volvió
a hablar.
—Sabes que no —hizo una pausa—. Es solo que…
Nunca estás aquí. Cuando despierto no hay nadie, si acaso de vez en cuando
encuentro a mamá, pero… Tú nunca estás aquí.
Lo había dicho en forma de reclamo, pero no con
molestia o algún tipo de resentimiento. Miró a Jongin fijamente a los ojos y,
por un momento, se le pasó por la cabeza la idea de que había sonado bastante estúpido.
«El debe estar pensando que trato de darle lastima y quiero retenerlo a mi
lado. Genial, mira lo que has hecho, Kyungsoo, eres un completo idiota», se dijo
mentalmente.
—Claro que estoy aquí, hyung.
—¿Qué?
—Vengo todos los días a verte. Siempre me siento
aquí, te observo mientras duermes —aclaró su garganta y siguió—. El problema es
que nunca despiertas cuando estoy aquí, y yo… Siempre tengo que irme, si pudiera
quedarme más tiempo a tu lado, lo haría. No sabes cuan feliz me siento ahora que
despertaste, porque hoy estuve presente.
La expresión en el rostro del pequeño pelinegro
había cambiado por completo. Sus ojos eran enormes, abiertos ante la sorpresa
por la confesión de Jongin. Su boca había tomado la forma de una letra “O”. Sus
pómulos fueron decorados por un cálido color carmesí. El rubor resaltaba sobre su
blanca piel.
—¿Por qué lo haces? —se atrevió a preguntar.
Esa pregunta incomodo a Jongin por completo,
aunque el más bajo no se percato de ello. Jongin tenía una razón específica por
el cual acudía a la casa de Kyungsoo todos los días, pero no pensaba
decírsela... O al menos no en ese instante.
«Porque te amo, maldita sea, no puedo estar sin ti. No puedo vivir si no estás tu. Prefiero
estar a tu lado y verte en ese horrible estado, a no verte, siquiera», pensó,
pero no quiso decirlo en voz alta. No tenía el valor suficiente para hacerlo.
—Porque te admiro mucho, hyung —dijo—. Y has
hecho mucho por mí, esto es lo mínimo que puedo hacer por ti.
—¿Eso es todo? ¿Por agradecimiento? —formuló
decepcionado el contrario.
—Sí.
Estaba molesto o al menos decepcionado, Jongin
estaba seguro de ello. Sabía que la respuesta que le había otorgado a su amigo
no era exactamente la que el otro deseaba, pero era eso o confesarle ahí mismo
sus sentimientos y hacerlo sentir aún más incomodo.
—¿Quieres salir? —preguntó Jongin.
—¿A dónde?
—No lo sé, por ahí. A algún parque o a donde sea.
Lo único que sé es que necesitas salir y divertirte un poco.
Kyungsoo sonrió.
—Baja a la sala, por favor, estaré listo en unos
minutos.
—Claro, hyung.
***
Ambos chicos caminaban mientras comían o bebían algo. Kyungsoo llevaba en la mano una bolsa llena de caramelos, Jongin se la había comprado. El moreno, por su parte, disfrutaba de un delicioso zumo de naranja.
El joven de ojos inmensos, tomó un caramelo color
verde azulado y se lo metió a la boca. Sabía a menta.
Su cabeza fue invadida por muchísimos recuerdos.
Algunas imágenes de su infancia de pronto llegaron a su mente. Se vio a él
mismo años atrás. Sus ojos brillaban de una manera especial; era un niño alegre
y aventurero, no tenía miedo alguno. Caminaba en un parque, uno mucho más
grande. Tenía caramelos en la mano y los disfrutaba de una manera única, como
si fueran los últimos sobre la tierra. En ese entonces era un niño normal,
asistía a la escuela y dormía ocho horas, quizás menos. En ese entonces, estaba
tranquilo.
—¿En qué tanto piensas? —preguntó Jongin. Dio un
sorbo a su bebida y observó a Kyungsoo, esperando una respuesta—. Estás un poco
distraído.
—Pues…
—Oh —exclamó—. Si te sientes incomodo… Es decir,
si no quieres… No tienes por qué decirlo.
—Pensaba en mi niñez. Cuando era un pequeñín,
estas cosas no me sucedían. Era una persona normal, tenía miedos, pero eran
pocos… Nada realmente importante. Ahora vivo aterrado, me siento incomodo y no soy feliz. No recuerdo en qué momento mi vida dio un cambio tan radical.
Jongin empezó a sentirse mal. Kyungsoo detestaba
con toda su alma que la gente sintiera lastima, el ver a alguien
compadeciéndose de él, lo hacía sentir un completo inútil. Jongin nunca había
hecho eso; a pesar de que era cuidadoso con él, nunca lo trató como alguien
especial, siempre procuró tratarlo como al resto de las personas. En ese
momento, el moreno sintió pena por el contrario. Sabía que no le agradaba, pero
no sentirla le resultaba casi imposible.
—¿Disfrutaste de tu niñez? —interrogó Jongin.
Kyungsoo dirigió su mirada hacia las manos de su
compañero y lagrimeo en silencio. Cuando la primera lágrima llegó a las
comisuras de sus labios, esté la atrapó con su lengua e inmediatamente sus
papilas gustativas empezaron a saborearla. Tenía un agradable sabor salado.
—Oh, sí que lo hice —afirmó, una pequeña sonrisa
se formó en su rostro.
—Me alegro.
Se percató de que su bolsa estaba casi vacía. Si
acaso, quedaban tan solo seis dulces, probablemente menos. Observó los colores y tomó uno en tonalidad rojiza, sabor fresa. Se lo metió a la boca y lo saboreo, era todo lo contrario al
sabor de las lágrimas. Aquella golosina era verdaderamente dulce.
—Quiero ayudarte —declaró el otro chico.
—¿Hum? —no podía articular ninguna palabra, tenía
el dulce aún en la boca, así que se limitó a hacer un pequeño sonido.
—Quiero ayudarte.
Tomó la mano de su mayor y la besó. Kyungsoo no
supo cómo debía interpretar ese gesto; lo único que hizo fue tragar el caramelo
y sonreírle al muchacho que lo sujetaba fuertemente.
—Conozco a alguien —aclaró su garganta para poder
seguir hablando— que puede ayudarnos.
«Ayudarnos».
Kyungsoo palideció. No «ayudarte», «ayudarnos».
Cuando escuchó a Jongin hablar en plural, pudo sentir como su cuerpo se
congelaba o, al menos, la sensación que tuvo fue parecida a eso. Nunca había querido
ser una carga para el chico y, en ese momento, el contrario le estaba
ofreciendo su ayuda. No quería depender de él, ni mucho menos, involucrarlo en los asuntos
de su padecimiento.
—He ido con muchas personas, todos los doctores solo me dieron falsas esperanzas —sintió un nudo en la garganta—. Estoy casi seguro de que esta
persona lo hará también. Me dará un diagnostico equivocado, me ilusionará y al
final resultara… Lo mismo, no tendré ningún remedio.
—¿Dónde quedó el Kyungsoo optimista que conocí?
No supo que responder, después de escuchar la
pregunta. Tomó el último caramelo que tenía dentro de la bolsa y lo introdujo
en su boca. Su lengua empezó a juguetear con él. Había comido muchos caramelos
y se sentía empalagado, sin embargo, vio esa acción estrictamente necesaria. No
quería contestar, no planeaba hacerlo.
—Dices que los doctores solo te dan falsas
esperanzas. Estás acostumbrado a eso, ¿no es así?
La voz de Jongin sonó un poco dura, Kyungsoo
tragó saliva.
—Sí. A final de cuentas, me he acostumbrado.
—Entonces… uno más no hará daño. Después de todo,
ya estás acostumbrado. ¿Qué tienes que perder?
Empezó a razonar. Sus esperanzas estaban
completamente acabadas, aquellas ilusiones de volver a la normalidad, se habían
esfumado. Ya no había más, entonces, si ya no había más… ¿Qué iba a perder?
Exacto. Tal y como Jongin le había dicho, él ya no tenía nada. Y si no tenía
nada, entonces no iba a perder, ¿verdad?
—Quiero que me ayudes —dijo de pronto—. Por
favor, ayúdame, Jongin.
***
Jongin acomodó la almohada y se recostó. La cama era muy blanda y diminuta para él, pero aún así trato de estar lo más cómodo posible. El pequeño se acurrucó en su pecho y el chico sonrió ante eso.
—Gracias —susurró el mayor.
—¿Por qué?
—Por estar aquí, conmigo… Por desperdiciar tu
tiempo de esta manera.
—No desperdicio mi tiempo, realmente me gusta
estar aquí, contigo.
—Gracias —repitió.
Kyungsoo abrazó a Jongin, no tenía la mínima
intención de soltarlo. A menos que él moreno lo deseara, por supuesto.
Disfrutaba pasar tiempo con Kim Jongin, aunque fuera poco, el tenerlo a su
lado le resultaba re confortable. Se sentía apreciado y normal, por que el chico
así lo hacía sentir.
Sus ojos empezaban a arder, el color rojo
predomino en su globo ocular y sentía que sus parpados le pesaban. Mientras se
aferraba a su amado, se esforzaba por no cerrar los ojos y dormir. Pero iba a
ser inútil, tarde o temprano, iba a terminar rendido y dormiría por una gran
cantidad de tiempo.
—¿Cuánto tiempo crees que duerma está vez?
—cuestionó, Kyungsoo.
—No lo sé.
—¿Cuánto tiempo más te quedaras aquí?
—Hasta que estés completamente dormido. Mientras
estés despierto… Estaré contigo.
—¿Lo juras?
—Lo juro.
Y la lucha de Kyungsoo se vio por fin finalizada.
No pudo más y sus ojos se cerraron, no sabía cuánto tiempo iba a dormir, pero seguramente iba a parecer una
eternidad. Trató de abrir los ojos y despertar, pero fue imposible. Estaba
demasiado cansado. De pronto, su subconsciente empezó a trabajar y empezó a crear imágenes. Se había
quedado dormido.


Nightmares. (Capitulo 4)