jueves, 8 de agosto de 2013

Preguntas. (2/3)

Kyungsoo había perdido ya la noción del tiempo, no podía distinguir si había estado encerrado días, semanas o meses. Su estancia ahí se hacía eterna, no sabía la fecha exacta, no sabía la hora. No sabía absolutamente nada. Estando en ese lugar, el tiempo era una tortura.

La mujer entraba únicamente para darle de comer y de beber. De vez en cuando le susurraba: «Descansa, cariño». Como si eso fuese lo único que aquella víbora ponzoñosa supiese decir.

En ocasiones el no aceptaba la comida, comía muy poco. Se había vuelto una persona muy débil, muy apenas podía levantarse. Si no comía, probablemente terminaría enfermándose de anemia o alguna otra enfermedad. Su piel era cada vez más pálida y sus grandes ojos habían perdido ese brillo especial. Lucía bastante desaliñado; su cabello estaba desarreglado, sus uñas eran ya muy largas y mugrientas. Su ropa estaba cubierta de polvo.

Se preguntó como estaría su familia, como estarían sus amigos. ¿Estarían tranquilos? ¿Estarían inquietos? ¿Abrían hecho búsquedas? ¿Lo estarían buscando?  ¿Tendrían esperanzas de que él estuviera vivo? ¿Lo habrían dado por muerto?

Pensó en Jongin. ¿Estaría en una habitación oscura? ¿Estaría en libertad? ¿Sería verdad que tenía cortadas en los brazos por su culpa?

Lo único que el muchacho pudo hacer fue cerrar los ojos y comenzar a orar.

***

Después de dormir varias horas abrió los ojos y, desgraciadamente, se topó con esa maldita persona que le había causado tanto sufrimiento.

Ya no lo miraba con una sonrisa burlona en el rostro, lo miraba con compasión, con pena. Su mirada irradiaba el sentimiento de la culpabilidad y quizás hasta un poco de arrepentimiento, Kyungsoo estaba sufriendo y ella odiaba hacerlo sufrir.

¿Por qué lo haces, entonces?

―No has comido absolutamente nada, amor mío.

Al escuchar esa palabra salir de la boca de aquella desagradable persona, Kyungsoo sintió asco y repulsión. Odiaba que esa mujer lo llamara de esa forma, como si fueran una pareja.

―¿Cómo sé que es verdad lo que me dices? ―habló el, su voz sonaba más débil que nunca.

―Exactamente… ¿A qué te refieres?

―A todo lo que me dijiste. Dijiste que por cada pregunta que hiciera ibas a hacerle una cortada a Jongin, dijiste que me conocías, que este era el lugar al cual pertenecía. No tengo la certeza de que eso sea real.

La mujer sacó un teléfono celular de su pantalón de mezclilla. No era el teléfono anterior, este era más sofisticado y de mayor tamaño, además, era de color blanco.
Sin más, la descarada le mostró a Kyungsoo unas fotografías. Era el, ese era su brazo, esa era su piel. Seis cortadas sobre esta.

―Seis ―dijo la mujer―. Ahora se agregará una más.

Apagó el teléfono celular y de nuevo lo guardó.

―Si me liberas… Prometo… Prometo no denunciarte. Si, si nos liberas a Jongin y a mí, prometo no decir nada a nadie. Trataré de pagarte todo el dinero que me pidas si nos dejas a ambos en libertad.

Ella se acercó a él y empezó a acariciarle la mejilla. Su mano era tan desagradable, huesuda y áspera a más no poder, hacía que Kyungsoo se estremeciera. Se sentía incomodo y asustado.

―No quiero dinero. Te quiero a ti.

―Si me quieres a mí, entonces… ¿Por qué lo tienes a él también? 

Se dio cuenta que había hecho una pregunta más. Eso sumaba un ocho, ocho cortadas sobre la piel de ese ser que el amaba con toda el alma. Se sintió estúpido y arrepentido, ¿Por qué había preguntado?

―¿Por qué lo tengo? ―la mujer rió y su voz se escucho entrecortada― Porque tú lo quieres a él.

Ella salió llorando de aquel sótano tan horrible, aunque Kyungsoo no pudo ver las lágrimas de esa mujer, escucho su llanto.

***

Si no salía pronto de ese lugar, si no obtenía las respuestas que quería, si no recibía noticias de sus seres queridos… Estaba seguro de que pronto entraría en un terrible estado de psicosis. Se sentía desesperado y se volvería loco en poco tiempo.

Se sentía culpable, si hubiera aceptado la invitación de Joon Myun, hubiera llegado bien a su hogar. Probablemente le hubiera llamado a Jongin, y le hubiera dicho que se fuera con cuidado y que lo amaba.

Pero no.

***

Cuando abrió los ojos ella estaba ahí.

En aquella ocasión no tenía ropa negra. Vestía ropa de color, eso sí, aún continuaba llevando el pasamontañas. Llevaba una blusa color azul turquesa, también una falda verde con un divino estampado de hermosas flores silvestres color rosa pastel.

―¿Quieres noticias? ―preguntó ella.

Kyungsoo abrió los ojos como platos y se levantó inmediatamente, no contaba con la fuerza suficiente, pero hizo un esfuerzo sobre humano. Sus piernas flaqueaban y sentía como perdía el equilibrio. Aún así, hizo todo por mantenerse de pie. Se apoyó en el estante de libros y se formo una sonrisa en el rostro.

―Si ―respondió.

―Jongin preguntó por ti el día de hoy. Tus padres están mal. Joon Myun se está muriendo.

¿Qué preguntó? ¿Saben que estoy vivo? ¿Cómo que se está muriendo?

―¿Puedo hacer preguntas sin que lastimes a Jongin?

―Estás haciendo una pregunta ahora ―habló la mujer―. Y lamento decirte que la respuesta es no. Una cortada más para Jongin.

Nueve cortadas sobre la piel de Jongin.

Ella se dio la vuelta y él sintió que sus venas hervían; frunció el ceño y empezó a caminar hacía ella.

―Tú no me quieres. Si me quisieras no me estarías causando todo este daño ―le reclamó.

―Te quiero, eso no lo dudes ―pasaron unos minutos y agregó―: Yo no te daño a ti. En cambio tu… Tú si estas dañando a Jongin. “La curiosidad mató al gato”, dicen por ahí, y tu… Tú lo estás matando con tu curiosidad.

Era verdad.

El no podía controlarse, a pesar de que trataba de no hacer más preguntas, el aún continuaba haciéndolas. Él lo amaba y no quería que saliera lastimado, menos por su culpa. Sin embargo, el no hacía nada para evitarlo. Seguía preguntando y preguntando.

Sintió miles de punzadas en su cabeza, el dolor era insoportable.


Se colocó en el rincón más escondido de su habitación y abrazó sus piernas. Su vista se empezó a nublar, al parpadear, unas cuantas lágrimas recorrieron su rostro.

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