jueves, 8 de agosto de 2013

Preguntas. (1/3)

Diez cuarenta y cinco de la noche.

La calle era bastante oscura habían alrededor de catorce lámparas, de las cuales solo cinco funcionaban. El clima era frío. El silencio era verdaderamente impresiónate, tanto que hasta asustaba, lo único que se escuchaban eran los pasos y la respiración de Kyungsoo.

Se sentía arrepentido.

«Es muy tarde y hay demasiado peligro allá afuera. ¿Seguro que deseas irte solo? Llevaré a Sehun y Minseok a sus hogares, con gusto puedo llevarte a ti también». La proposición de Joon Myun retumbaba en su mente constantemente. Sabía que se había equivocado, debió haberle dicho que si.  

Kyungsoo podría no ser un tipo muy valiente, pero tampoco era una indefensa criatura que se asustaba por cualquier pequeño detalle. A pesar de su cara de ángel y su baja estatura, él era una persona fuerte.

Diez cincuenta y seis.

Una de las lámparas empezaba a fallar, se apagaba y encendía una y otra vez. Finalmente se apagó, solo funcionaban cuatro lámparas.

Once

Ya era definitivo, el tenía miedo. Tenía mucho miedo.

Tenía un fuerte dolor en el pecho que lo oprimía de una manera brutal y muy cruel, sentía que había algo que no le permitía avanzar, como si algo malo fuese a pasar. Si, presentía que algo malo le iba a pasar. Su respiración era cada vez más y más rápida. Algo andaba mal.

Tomó su teléfono celular.

Su mano temblaba, apretaba los botones de su teléfono de manera estúpida. Fue rápidamente al menú y de ahí a la lista de contactos. Marcó el número uno: Jongin.
No contestaba.

Once once

Había intentado llamar varias veces a Jongin. El teléfono solo timbraba y timbraba, pero no había rastros del otro chico.

Pero que estúpido había sido.

Cuando intentó marcarle a Joon Myun, Yi Fan o cualquier otro de sus conocidos, ya era demasiado tarde. El crédito de su teléfono se había agotado.

Dyo Kyungsoo era un chico inteligente, pero esa vez, algo había hecho mal. Eligió el camino más fácil. Que lastima.

Once veintiocho

Ya no se escuchaban solo sus pasos y su agitada respiración, algo más había. Unas pisadas. Se detuvo un poco y las pisadas se escucharon una vez más, al principio pensó que era parte de su imaginación pues estaba alterado, pero no.

Después las pisadas volvieron, estas se escuchaban cada vez más y más cercanas.

El pequeño empezó a correr.

Once treinta

Sintió una mano muy áspera tocarle el hombro, la mano era pequeña y delgada. Aparentemente una mujer. Trató de darse la vuelta pero la persona colocó un pañuelo húmedo sobre la nariz del chico.

Un aroma dulce y embriagador entró a través de sus fosas nasales.

De pronto comenzó a sentirse mareado. Pegó un gritó que nadie, además de él y la otra persona,  escuchó. Después, cerró poco a poco sus ojos.

Seguido de eso, no supo nada más.

***

Abrió sus ojos.

Sintió fuertes punzadas en su cabeza y comenzó a frotarse las sienes. Lo hizo durante varios minutos pero el dolor no cesó.

Observó el lugar en el cual se encontraba. No era agradable. Si no se equivocaba, ese era un sótano. Tenía muebles muy viejos, todos ellos cubiertos de polvo. Había dos sofás, ambos cubiertos con mantas grises. Tan solo había una puerta, oxidada. Era poca la iluminación que había ahí, tan solo un candelabro de pared con tres velas encendidas.

Trató de recordar que había pasado la noche anterior, lo único que logro memorizar era una imagen de él saliendo de la fiesta, recordó el temor que sintió al atravesar ese pequeño y oscuro callejón, las lámparas que se encendían y apagaban. Solo eso. Ni un maldito recuerdo más.

Se levantó de donde estaba, se sentía adolorido.

Empezó a caminar, a tocar los muebles y las paredes. A explorar la habitación.

Encontró, entonces, una pequeña mesa color café chocolate, como todos los demás muebles, estaba cubierta de polvo. Sobre esta había una pequeña nota.


La tinta era apenas legible. La letra era completamente horrible, lucía espantosa. Después de leerla sintió escalofríos en todo el cuerpo. El mensaje era aterrador y hasta cierto punto, amenazante.

―¿Quién eres? ―gritó― Anda, ¿Quién eres? ¿Qué quieres de mí? ¿Por qué estoy aquí?

Arrugó el papel y después lo tiró al suelo.

Desesperadamente empezó a buscar por todos lados la supuesta cámara escondida. 

Empezó de nuevo a explorar la habitación, buscó hasta en los rincones más pequeños de ese pequeño sótano. Paredes, muebles y cualquier artefacto inútil que servía de adorno… Sus manos tocaban todo. Diferentes texturas: rugosas, lisas, ásperas, suaves, duras; pero no, nada de eso se parecía a la de una cámara.

Finalmente se rindió y se recostó en el suelo para tratar de conciliar el sueño.

***

A la mañana siguiente se dio cuenta de que seguía en la misma maldita habitación, estaba un poco más iluminada pues había una pequeña ventanilla, por la cual se colaban algunos hilos de rayos solares.

La ventana era muy estrecha y no había oportunidad por la cual pudiera salir de ahí. Sin embargo, intentó pedir ayuda, gritó lo más fuerte posible hasta que su voz no dio para más.

―¿Por qué esa nota? ―preguntó, su voz era débil ―Por favor, respóndeme.

Se puso a pensar en sus seres queridos. ¿Sus padres se habrían dado cuenta que no había llegado? ¿Les habrían preguntado a sus amigos por él? ¿Todos estarían buscándolo?

―Solo una respuesta. Eso lo único que pido.

Cerró los ojos una vez más y Morfeo se apoderó de él.

                                                                             ***

Cuando nuevamente levantó poco a poco sus parpados, se dio cuenta de que la poca luz del sol que se filtraba a través de esa pequeña ventana, habían desaparecido.

En frente de él había una persona, su rostro estaba cubierto por un pasamontañas de color gris y traía puesto un traje largo y en color negro. El traje era bastante amplió y no le permitía a Kyunsoo divisar la figura de esa persona, igualmente, lucía delgada. Pensó que probablemente se trataba de una chica.

Una chica.

Recordó que las manos que lo habían tocado eran como las de una mujer. ¿Se trataba de esa persona? ¿Una mujer lo había secuestrado? ¿Por qué razón?

―Kyunsoo, por fin te has despertado.

―Yo… ¿Va a contestar mis preguntas?

―Por supuesto ―dijo aquella misteriosa mujer―. Pero antes necesito que tú me respondas algo. Si tú me respondes, entonces contestaré las preguntas que me has hecho antes. ¿Estás de acuerdo?

Suspiró y asintió con la cabeza.

―¿Lo conoces?

La mujer le mostró su teléfono celular, en esté había una foto de Kim Jongin. Su sonrisa era más radiante que el mismo Sol.

―Si ―. Contestó Kyungsoo.

La mujer guardó el teléfono celular y miró al chico. La iluminación era poca, muy apenas podía distinguir la figura de la mujer entre todos los demás artefactos que se encontraban en la habitación; aún así, sentía la mirada penetrante de esa persona sobre él.

―¿Qué significa él para ti?

El castaño tragó saliva. ¿Por qué demonios esa víbora quería saber eso? ¿Qué le importaba a ella? Lamentablemente, el pequeño tenía que contestar todas las preguntas si realmente quería saber todas las respuestas a las preguntas que el mismo había formulado.

―Todo ―. contestó por fin y agachó la cabeza.

―¿Qué estarías dispuesto a hacer por él?

―Lo que sea.

Ninguno de los dos dijo palabra alguna. La mujer simplemente salió de la habitación, cerró la puerta con llave y se escuchó que subía algunos escalones.

Kyungsoo corrió hacía la puerta y trató de abrirla, comenzó a golpearla y a gritar. Empezó a gritar: «Maldita sea. No puede ser posible, esto no puede ser posible».

―Contesté todas las malditas preguntas que me hiciste. Te dije todas las respuestas, y estas fueron verdaderas. Deberías cumplir tu promesa, deberías responder mis preguntas.

Tuvieron que pasar varios minutos antes de que la mujer vestida de negro volviera a atravesar la puerta oxidada.

―Tenía cosas que hacer ―dijo―. Yo siempre cumplo mis promesas. Siéntate cariño, esto es un poco complicado. Lo más seguro es que no entiendas nada de lo que te voy a decir.

―Trataré de analizar lo que me digas. Solo dímelo ya ―protestó.

Ella se sentó sobre uno de los sofás polvorientos y miró de nuevo al muchacho, el cual, tenía una expresión de coraje en el rostro. Se notaba que anhelaba una respuesta, la quería pronto.

―¿Quién soy?, una conocida tuya. ¿Qué quiero de ti?, todo. ¿Por qué estás aquí?, porque yo lo deseo; este es el lugar al cual perteneces, aquí debes estar. Conmigo. ¿Por qué la nota?, simplemente, porque si. ¿Voy a contestar tus preguntas? Si, ya lo hice.

La mujer río. El joven había obtenido sus respuestas, aunque no eran esas las respuestas que él esperaba tener.

―Dijiste que estarías dispuesto a hacer todo por Kim Jongin. Lo que sea, ¿no es cierto?

―Sí, lo dije.

La mujer empezó a dar pequeños pasos hacía el otro extremo de la habitación. Repitió la acción y caminó hacia los lados contrarios. Siempre con una sonrisa burlona en el rostro.

―No puedes hacer más preguntas…

―¿Por qué no? ―preguntó Kyungsoo.

―Estas rompiendo las reglas, ¿me dejaras explicarte? ―el chico asintió― Por cada pregunta que hagas, haré un corte sobre la piel morena de tu amado. Llevas seis preguntas realizadas, lo que equivale a seis cortes. ¿Te das cuenta todo el daño que le estas causando?

Maldita.

¿Por qué le hacía eso? ¿Por qué secuestrarlo y aparte dañar a la persona que el amaba? ¿Cuál era su objetivo? ¿Qué iba a lograr causando tanto daño? ¿Era realmente cierto? ¿Debía confiar en la palabra de esa mujer?

―Mientes ―gritó―. ¡NO ERES MÁS QUE UNA MALDITA MENTIROSA!

Ella lo miró fijamente.


―Si no me crees, ya no es mi problema. Igualmente, si quieres preguntar… Adelante, al menos te advertí que pasará si vuelves a hacer otra pregunta. 

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